El tiempo de descanso es necesario. Desconectarse de la rutina, disfrutar del aire libre y compartir momentos con la familia, los amigos, la pareja o con uno mismo nos ayuda a recuperar el equilibrio emocional. También puede ser una oportunidad para nutrir la creatividad y regresar a nuestras actividades con otra disposición. Así que, si has pospuesto tus vacaciones, pídelas ya.
PERLA CRESPO-IZAGUIRRE
Hacer de nuestras vacaciones un oasis para recargar energía es lo que, sin duda, la actualidad nos impone frente a una vida llena de retos que nos exigen estar constantemente alerta. Y es que ahora ser cada vez más ingeniosos y creativos para hallar soluciones, y actuar con la suficiente destreza profesional digna de un atleta, es lo que aparentemente se nos pide para sobrevivir en una sociedad cada día más competitiva.
Estas exigencias forman parte de una rutina que puede generar niveles de estrés capaces de afectarnos física, mental y emocionalmente. Además, muchas veces terminamos acostumbrándonos tanto a esa presión que dejamos de prestar atención a sus consecuencias.
De allí que sea necesario hacer un stop durante el año para simplemente descansar. Sin embargo, ese respiro de la rutina debería tener una característica fundamental: romper con los esquemas habituales de responsabilidad y presión.
En pocas palabras, si cuando piensas en irte unos días sientes que tienes demasiadas cosas por hacer y la sola idea te genera preocupación en lugar de gozo, entonces estás enfocando mal tus vacaciones. Peor aún, quizás estés fabricando la excusa perfecta para aplazarlas.
Si este es tu caso, quiero compartir contigo algunas razones que pueden ayudarte a comprender por qué desconectarte durante unos días es importante para tu bienestar personal e incluso profesional.
Desconectar o sucumbir, tú decides
No hay que ser un experto para entender por qué, luego de un período de relajación, nos sentimos más satisfechos con la vida.
Cuando vacacionamos realmente —y con ello me refiero a desconectarnos de nuestras rutinas y, especialmente, del trabajo— podemos experimentar una sensación de descanso que nos permite mirar las cosas desde otra perspectiva. Nuestra mente encuentra entonces espacio para recuperar esa esquiva inspiración que parece rehuirnos cuando estamos bajo presión.
Un dato interesante lo aporta una investigación publicada en 2005 en el Wisconsin Medical Journal. El estudio, realizado con mujeres de una zona rural de Wisconsin, encontró que aquellas que tomaban vacaciones con mayor frecuencia presentaban menores probabilidades de experimentar tensión y síntomas depresivos. También manifestaban una mayor satisfacción con sus relaciones matrimoniales.
Aunque estos resultados no pueden generalizarse a toda la población, sí ofrecen una razón adicional para prestar atención a nuestros períodos de descanso.
Y es que el tiempo libre también nos permite ocuparnos de esos asuntos pendientes que poco tienen que ver con las obligaciones: disfrutar, hacer ejercicio o, sencillamente, no hacer nada.
«Mucha gente piensa que vacacionar implica un cúmulo de peripecias y actividades agendadas, cuando a veces lo único que necesitamos es un poco de tiempo libre, sin presiones ni rutinas. Y hasta sin parejas o familias».
Pero… ¿y la familia?
El problema con las vacaciones comienza, como dijimos más arriba, con la manera de enfocarlas.
Mucha gente piensa que vacacionar implica organizar un cúmulo de actividades, desplazamientos y compromisos. Como si descansar también tuviese que convertirse en una tarea que cumplir.
Sin embargo, a veces lo único que necesitamos es un poco de tiempo libre, sin presiones ni rutinas. Y sí, incluso sin parejas o familias.
Sé que este punto puede resultar complicado y que a muchas personas les genera sentimientos encontrados, cuando no de culpa. Pero, analizándolo fríamente, dedicar una parte de tus vacaciones a ti misma puede ayudarte a recuperar energías para enfrentar las responsabilidades familiares, laborales o de pareja.
Porque una cosa es querer compartir tiempo con quienes amas y otra muy distinta es olvidarte de ti para satisfacer las expectativas de todos los demás.
Viajar a solas o realizar actividades que nos permitan estar en contacto con nosotros mismos también puede brindarnos la oportunidad de reorganizar prioridades. Es una forma de prestar atención a esos pensamientos que la rutina no nos deja examinar y de reconectar con nuestros verdaderos gustos y necesidades.
Esos que tantas veces ponemos de lado por complacer a los demás o, simplemente, porque nunca encontramos el momento de escucharnos.
Las vacaciones ideales
Lo primero que tienes que entender es que las vacaciones para recargar energía no necesitan una planificación demasiado elaborada.
Pero si quieres hacer algo especial, empieza por organizar tu presupuesto. Después, busca opciones que se centren en actividades que verdaderamente te proporcionen placer.
Piensa que tus vacaciones pueden ser la excusa perfecta para probar esas cosas que siempre has querido hacer y para las que nunca encuentras tiempo. Desde practicar yoga, spinning o danza árabe hasta lanzarte en paracaídas, si eso es lo que te hace ilusión.
Incluso puedes aprovechar para participar en algún retiro o curso intensivo que te conecte con tu esencia femenina, tu lado artístico o con alguno de esos sueños que has ido postergando.
Descansar también significa romper con la rutina
Así que aleja tu mente de esos tours que parecen auténticos calvarios, llenos de desplazamientos complicados, horarios imposibles y gastos que te dejan sin un duro en el bolsillo.
Por el contrario, céntrate en convertir tus vacaciones en ese tiempo sagrado que te regalas una o dos veces al año para premiarte por tus esfuerzos y reconocer tus logros.
Permítete, por unos días, engavetar los roles de mamá o papá sabelotodo, profesional siempre disponible o pareja entregada. No se trata de abandonar tus responsabilidades, sino de recordar que tu vida no puede reducirse a ellas.
Y si no puedes organizar unas vacaciones exclusivamente para ti, al menos procura darles un espacio a tus propias prioridades y a tu necesidad de un verdadero descanso.
Puedes empezar por permitirte dormir hasta más tarde, dejar de ser tan ordenada o establecer claramente en la oficina que no atenderás llamadas de trabajo durante tus días libres.
Haz un plan que contemple moverte, renovarte y, sobre todo, salir de esas estructuras que forman parte de tu rutina habitual.
Porque tu misión, si decides aceptarla, es regresar de tus vacaciones con energías renovadas, más fuerte y con las baterías completamente cargadas.