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Cómo hablar con los niños de la muerte

 

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Cómo hablar con los niños de la muerte

Guía práctica para acompañar a los más pequeños en el duelo.

 

Hablar de la muerte nunca es cómodo y sobre todo cuando el interlocutor es un niño. Y si la partida en cuestión es la de una mascota, pues el tema es más cuesta arriba. Lo sé como escritora y como mujer que ha amado a sus peludos como parte de la familia.

Cuando un animal muere, el niño no pierde “solo una mascota”. Pierde presencia, rutina, juego y refugio. No por nada la educadora y terapeuta Cheri Barton Ross, en Pet Loss and Children: Establishing a Healthy Foundation (Psychology Press/Routledge, 2005) señala que la pérdida de una mascota es de las experiencias infantiles más significativas a hacer seguimiento. Esto se debe a que se trata del primer contacto de los pequeños con el duelo y además, explica que minimizarla puede hacer que el dolor quede enquistado, lo que le afectará como adulto, pues puede que no sepa cómo expresar o manejar la tristeza.

Padres, tíos, maestros y adultos en general solemos querer ahorrarles sufrimiento a los más pequeños. El problema es que, al intentar protegerlos del dolor, a veces les quitamos algo igual de importante: la posibilidad de comprender lo que viven y de desarrollar recursos emocionales para atravesarlo. Por eso, desde mi experiencia acompañando estas conversaciones, he reunido cinco pasos sencillos para hablar de la muerte con más claridad, más verdad y menos torpeza.

Paso 1. Empieza por preguntar qué entiende el niño por la muerte

La primera cosa que hago cuando hablo con los niños de la muerte es preguntarles «¿Qué es?». Esa pregunta cambia todo. Me permite saber desde dónde está entendiendo el niño la pérdida y me ayuda a adaptar mis palabras a su edad, a su sensibilidad y a su capacidad real de comprensión.A partir de ahí, hablo claro y hablo con ternura. No convierto la muerte en un monstruo, pero tampoco la disfrazo. La presento como una parte de la vida. Dura, sí. Triste, también. Pero real.

Si la mascota murió, digo que murió. No digo que «se fue», «se durmió» o «desapareció», porque esas fórmulas, aunque bienintencionadas, suelen enredar más de lo que alivian. Además, cuando entendemos que un niño es un «adulto» en proceso de desarrollo, entonces dejamos de menospreciar su inteligencia y entendemos que necesitan una verdad que pueda sostener, no una frase bonita que lo deje solo con más preguntas.

Paso 2. Valida la emoción antes de intentar calmarla

A veces el niño llora. A veces se enfada. A veces no dice nada. Y si lo ves en perspectiva, todos estos comportamientos son naturales, porque incluso siendo adultos, enfrentarnos al dolor, nos deja a menudo en shock y sin herramientas para procesarlo, por lo que actuamos de la misma manera. En este sentido, la Dra. Corinne Masur, psicóloga clínica galardonada especializada en duelo, insiste en How Children Grieve (Hachette, 2024) sobre la importancia de ayudar a los niños a reconocer y expresar lo que sienten tras una pérdida, mientras que la fotógrafa Linda Goldman en su precioso manual sobre el trabajo con el duelo Children Also Grieve: Talking about Death and Healing (Jessica Kingsley Publishers, 2006) agrega que es necesario crear espacios seguros para que puedan hablar de ese dolor sin sentirse corregidos ni apurados.La clave aquí es, antes de intentar que el niño «se calme», hay que dejarlo sentir. La tristeza no es un error. La rabia tampoco. Cuando validamos lo que le pasa, le enseñamos dos cosas esenciales: que sufrir por una pérdida es natural y que expresar ese sufrimiento no tiene nada de vergonzoso.

Paso 3. No minimices la pérdida porque era «solo un animal»

Aquí voy a ser firme. Tanto para los niños como para muchos adultos, una mascota no es una cosa, es un familiar e incluso un amigo que ocupa un lugar especial en sus vidas. Así, permitirles llorarles como si un familiar se tratase no solo es sano, sino correcto.

Y, por favor, evita frases como «ya te compraremos otro» o «no es para tanto». Estas no consuelan, muy por el contrario, desvalorizan el vínculo e invitan al niño a esconder lo que siente. Permitirle llorar esa ausencia no solo es sano. Es justo. El dolor merece respeto, incluso cuando viene con cuatro patas, bigotes o colita.

Paso 4. Dale una forma concreta de expresar el amor que sigue ahí

El duelo infantil necesita salida. A veces esa salida no llega hablando, sino dibujando, escribiendo una carta, mirando fotos, encendiendo una vela o haciendo un pequeño ritual de despedida. Precisamente por ello creé 7 rituales para ayudar a un niño con la pérdida de su mascota, un manual gratuito que puedes descargar acá, en el que vas a encontrar sencillos ejercicios que te van a ayudar a darle salida al dolor del niño cuando se sienta menos desbordado e incapaz de atravesar lo que le pasa. Yo he comprobado que ponerle forma al amor ayuda a que la ausencia no se vuelva puro silencio.

5. Una sola conversación no basta

El duelo no termina el día en que se da la noticia. Vuelve en oleadas. Regresa cuando el niño ve la correa, cuando pregunta de nuevo, cuando llega una fecha especial o cuando por fin entiende algo que no había comprendido del todo.

La doctora Masur recuerda que el modo en que un niño vive una pérdida cambia según su etapa de desarrollo. Y es que el dolor no desaparece de golpe, sino que con el tiempo se transforma en recuerdo amoroso.

Hablar con un niño de la muerte no le quita inocencia. Le da lenguaje. Le da compañía. Le da permiso para sentir sin vergüenza. Y cuando la pérdida es la de una mascota querida, eso ya es una forma profunda de cuidado.

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